Yo soy mi peor enemiga

febrero 7, 2018

El día de hoy  me gustaría que conversar acerca de nuestras percepciones. Cada uno de nosotros interpretamos nuestras vidas a través de nuestras percepciones, son ellas las que decodifican lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, es por ello, que una percepción es el conocimiento que obtenemos de algo a través de nuestros sentidos.

He decidido hablar sobre esto hoy porque siento que es uno de los conceptos que me parecen más importante entender y comprender, porque muchísimas veces no tenemos la capacidad o la posibilidad de entender la vida de forma objetiva sino subjetivamente y,  aunque nos cueste creerlo es así, siempre pensamos que somos el centro del universo y que lo que percibimos es una verdad absoluta. No vemos la vida desde la verdad de lo que está pasando sino filtrada por lo que nosotros percibimos de ellas. Por ejemplo, cuando somos niños, la percepción es lo que percibimos del entorno, lo que concluyo de una situación y que yo transformé en una creencia y, dentro de esa creencia, percibo la vida. Y esto es fundamental porque lo que creemos es lo que creamos: mi realidad distorsionada de lo que está sucediendo.

Si soy una persona codependiente, la percepción que tengo de mí es frágil y comienzo a reaccionar desde mi niño interior, subjetivamente desde mis emociones, por lo que es muy difícil para mí reaccionar como un adulto. Entonces, sin quererlo, comienzo a reaccionar infantilmente queriendo controlar a los demás, a dominar al otro para tener la razón, a manipular las situaciones para sentir que son los demás quienes me agreden a mí, cuando soy yo misma la que se siente agredida y sin querer busco lastimar a los demás, así como yo me siento lastimada y me lastimo, trato de imponer mi opinión, mi percepción y no escucho a las demás personas que interactúan conmigo, sólo me escucho a mí misma y a esa voz que está dentro de mí gritando por auxilio pero que yo intento proteger, intento ocultar tratando de ser perfecta, tratando de no aceptar lo que siento y lo que soy, viviendo en la negación que me lleva a vivir exhausta.

Es por esto que hoy quisiera hablar sobre el perfeccionismo, porque es esa necesidad inconsciente de querer que todo luzca perfecto, aunque no lo sea, es una necesidad imperativa de aparentar que todo esta bien e impecable en nuestra vida, es una necesidad muchas veces compulsiva, y mantenerla muchas veces nos lleva a la amargura por lo consumidor que nos resulta servirla. Todo lo que describí anteriormente no nos hace malas personas, nos hace personas infelices, insatisfechas, nos mantiene en niveles altos de frustración con nosotras mismas por la imposibilidad de mantenerla y es la causa de muchas  amarguras y eso es lo que necesitamos superar.

Recientemente tuve que decirle a mi esposo que necesitaba retirarme de su compañía, antes  de hacer este trabajo personal que me he dedicado a hacer conmigo misma, esa percepción avergonzante que me estaba atormentando hubiese durado mucho más tiempo, probablemente una semana o más y con un terrible sentimiento de culpa, sin embargo esta vez le dije a mi esposo que necesitaba un tiempo para mí, que me iba a dormir en otra habitación para poner en orden mis pensamientos, mis ideas y mis percepciones. Me siento orgullosa de haberme podido poner limites de contensión y de haber podido expresar como me sentía, hoy puedo alertar a mi familia cuando algo dentro de mí no está bien, cuando yo no me siento bien y no tiene nada que ver con ellos. En el pasado esto no habría ocurrido, de forma inconsciente me hubiera saboteado y hubiese creado un ambiente hostil que se repetiría cada vez que no me sintiera bien. Ahora que he leído, he buscado y he encontrado, me amo y me acepto a mí misma con mis neurosis y miedos y entiendo que no soy perfecta y no tengo porque aparentar o pretender serlo.  Muchas veces siento que la peor enemiga que he tenido, he sido yo misma: evitando conocerme, pretendiendo ser diferente y no aceptándome. Ser compasiva conmigo misma me enseña a ser compasiva con los demás; entenderme a mi misma me da la práctica para entender a los demás.

Cuando somos perfeccionistas y nos equivocamos la vergüenza nos dice que no valemos nada, y nos expone a sospechar que los demás se daran cuenta y seremos criticados, (lo que dispara un miedo intenso en mi experiencia personal) es por eso que necesitamos saber que no somos perfectos, que nos podemos equivocar y eso debemos identificarlo para conocernos, pero también para no afectar a nadie más con mis errores, para que mi miedo no me maneje, no me domine y no permita que yo hiera a los demás. La vergüenza hace que yo me amargue y descargo todos mis temores con las personas que viven a nuestra alrededor descargando mis culpas culpándolos a ellos. La vergüenza hace que yo me esconda del amor, y que castigue a los demás para no sentir el dolor al castigarme a mí misma.

Por lo general las personas codependientes no pueden ponerle nombre a la emoción, no pueden identificar lo que les sucede, por lo general decimos que nos sentimos “mal”, pero la invitación que yo les hago es a descifrar ese malestar, es poder decir, por ejemplo: me siento “angustiada”, “temerosa”, la invitación es a entender ese pensamiento desesperante, que es la verguenza que se apodera de nosotros. Entender que somos seres humanos, imperfectos, que no nos dejemos llevar por la vergüenza y que los que están alrededor nuestro no se vean afectados por nuestras crisis emocionales.

Debo confesar que mi zona de confort era sufrir por los demás, ese sufrimiento innecesario debemos dejarlo, soltarlo y entender que muchas veces sufrir también es una decisión, que nuestro peor enemigo es la amargura porque nos convierte en personas que no pueden disfrutar su entorno, que su percepción está siempre condicionada de forma negativa y que todo lo que perciben de los demás son agresiones, aunque no lo sean, es por ello que sus interacciones con los demás se vuelven difíciles y como se sienten agredidos, agreden a los otros. Como sufrimos, hacemos sufrir a los demás. Por ello necesitamos transformar nuestra mente, entender que mi peor enemigo es la amargura y quien crea y recrea la amargura soy yo misma.

Como mi grado de codependencia ha sido tan alto, dependo emocionalmente de lo que piensan los demás de mí para actuar, si dicen que estoy bien, yo me siento bien, pero si dicen algo no tan bueno, se me arruina la vida, como si mi existencia dependiera de ellos, como si mi estabilidad emocional se sometiera a las expectativas de los otros. No ha sido fácil reconocerme codependiente, siempre lo digo, y lo hago desde la sinceridad porque siento que es la mejor forma de invitarlos a ser felices, a aceptarse con sus errores y sus virtudes, a aceptar que no somos perfectos, pero que sí podemos ser felices.

Debemos entender que esto es un proceso, no es un hecho único que de un día para otro vamos a dejar de ser codependientes, por eso, lo primero, es identificar lo que nos pasa, reconocer mis fallas, saber que tengo miedo a la crítica, miedo porque cometí un error, miedo porque le gente va a saber que no soy perfecta, eso hace que yo misma me castigue, que sea más severa conmigo, todo eso lo podemos ir identificando y después de allí, nos vamos a dar cuenta que la próxima vez que nos sintamos así, podemos vivirlo con menor intensidad, podremos manejarlo mejor. El sólo hecho de identificarlo y de ponerle un nombre, hace que lo pueda manejar mejor cada vez que suceda.

Mi mamá me amaba y por las expectativas muy altas que tenia sobre mi comportamiento era muy fuerte y de seguido se enojaba conmigo, lamentablemente eso aprendí de ella, aprendí a enojarme conmigo, no era una mala mujer, no era su culpa tampoco, ella también era una víctima, es por ello que ahora trabajo en ponerme atención, en amarme, y muy especialmente en darme cuenta del patrón de autocastigo y enojo conmigo misma para no repetirlo. Lo que aprendí porque me lo hicieron lo sigo repitiendo y perpetuando conmigo misma en el presente. Conocerme para amarme, ponerme atención para respetarme. Reprogramarme y amarme. Con el alma llena de una plenitud infinita que me da el hacer este trabajo y compartirlo, me despido de ustedes hasta pronto.

Marisbelia Tomodo.
Autora del libro «Autoestima. Búsqueda Interior».

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