Mi Historia: El Dolor Del Alma

mayo 19, 2021

¿Qué evento desencadenó el cambio en mí?

Recuerdo ser muy pequeña con una sensación de tristeza constante en mi interior.

Recuerdo que esa sensación era muy mía, no la compartía con nadie, no sé si los adultos se daban cuenta o la notaban, solo sé que nadie decía nada.

Mi mente se enfrascó en recordar la tristeza y no fijarse en recordar lo bueno que me pasaba. Esto lo aprendí desde muy pequeña. Y me doy cuenta hoy porque puedo recordar los eventos tristes y tengo muy pocos recuerdos, muy escasos recuerdos de los eventos preciosos.

Más que todo tengo la tendencia a recordar por fotos. Las cuales también son escasas.

Crecí entre dos hermanos varones así que mis amigos eran varones, jugaba con ellos todos los juegos que juegan los varones y recuerdo esos momentos como felices, me sentía protegida por mi hermano mayor.
No era una niña de jugar muñecas y divertirme con amiguitas de la escuela. Mis permisos solo eran dados para estar con mi hermano así que no visitaba las casas de mis compañeritas ni ellas eran invitadas a la mía.
No crecí con amiguitas íntimas, solo compañeritas de clase.

La tristeza y la soledad eran mis compañeras cuando el silencio era inevitable.

Así que aprendí a ser fuerte, perfecta y a luchar para alcanzar mis metas materiales, aprendí a reír para no llorar. Aprendí a esforzarme y la tensión en mi cuerpo y diferentes síntomas de malestar físico por vivir en estrés constante, siempre estaban presentes.

La vida me presento diferentes desafíos y siempre saque la fuerza para sortearlos.

Emigrar a EE. UU. a mis 39 años destapó el pozo de dolor y soledad que con mi carrera de abogada y posturas de buena madre de un hijo con parálisis cerebral, había aprendido a sepultar.

Mi niña interior se apoderó de mí carácter al emigrar y las inseguridades y los miedos se apoderaron del escenario, dejándome totalmente indefensa en el presente, sintiéndome controlada por respuestas que me dejaban en culpa contra mí misma por no lograr los resultados en mis relaciones que necesitaba para estar tranquila.

Probé varias religiones, grupos, meditaciones, gimnasios.
Mi fe creció y encontré consuelo en Dios, pero la depresión era como una culebra escondida en el fondo de mi corazón, el miedo, la necesidad de tener el control, el perfeccionismo, la culpa infligida por mí misma y la sensación de sentir que algo estaba mal conmigo, cuando se levantaban me controlaban.

Llego el día en el que por bendición comencé a conocerme y a entender como la codependencia se manifestaba en mi vida.

Vivía una vida esclavizada, dependiendo de los demás para todo. Dependía de lo que otros dijeran y opinaran de mí. Mis emociones y mi bienestar dependían de lo que otros me hicieran o me dejaran de hacer. Esto es lo que los especialistas llaman Codependencia.

Mi autoestima aparentaba ser maravillosa, ya que he sido
muy exitosa en todo lo que he emprendido en mi vida. Fui una abogada muy bien remunerada y madre exitosa de mi hijo con necesidades especiales. Digo madre exitosa porque logré ejecutar una terapia muy exigente en cuanto a tiempo y esfuerzo personal la cual seguimos implementando diariamente hasta la presente fecha. Fui una líder religiosa por más de 10 años y una emprendedora dentro de la Iglesia sin denominación aquí en mi ciudad de residencia (Cincinnati, Ohio). Fui muy exitosa, sí, y me considero perfeccionista, pero a pesar de todo esto era una persona completamente ignorante de mí misma.

Así es, ignorante de mí misma. Todo o casi todo de mi vida era para los demás, ya fuera para complacerlos o para que me necesitaran. Pero yo no tenía consciencia de lo que estaba haciendo. Aparentaba ser feliz y estar viviendo una vida de victorias, pero por dentro clamaba a Dios por ayuda. Me sentía completamente insatisfecha, frustrada, y amargada. Solo mi esposo, Dios y yo sabíamos. Siempre dependía de la opinión de los demás para poder conseguir algo de valor propio en mí.

La autoestima, como camino espiritual, me ha ayudado a convertirme en un ser humano completo. Amarme a mi misma es espiritual. Yo no soy un ser físico solamente, soy un ser espiritual en una experiencia humana.

La autoestima va más allá de hacer ejercicios y de cuidar lo que como. La autoestima se trata realmente de conocernos y aceptarnos como somos. Cuando comencé a conocerme de forma real y auténtica, comencé a conocer verdaderamente lo que es el amor perfecto, porque cuando me conozco, el miedo se desvanece y puedo amar a Dios y extenderme a los que me rodean, en compasión por mí misma y por ellos. De manera que ya no soy esclava del miedo, lo conozco y lo manejo en el contexto de la realidad presente. El temor ya no me maneja, lo confronto y lo manejo, así que si no estoy viviendo una verdadera situación de peligro, al no alimentarlo, desaparece.

En mi libro Autoestima. Búsqueda Interior comparto con todos mis lectores las claves de cómo descubrir la autoestima mediante la búsqueda interior, de la misma manera como yo lo hice personalmente.

Comparto la belleza de nutrirme y de cuidarme a mí misma, afirmándome y maternándome en el presente a mí misma, de la manera que no tuve la oportunidad de ser maternada y educada emocionalmente.

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