Hoy viví un milagro

mayo 8, 2018

A través de mis estudios y mis vivencias cotidianas he descubierto la íntima relación entre la autoestima insana y la falta de valoración por nosotros mismos, que trae como consecuencia la carencia, la falta de valoración por los demás. Aunque muchas veces parezca difícil de creer: la base de las relaciones con los demás, es la relación que tenemos con nosotros mismos.

¿Saben por qué mi página se llama del miedo al amor? Porque literalmente yo sé lo que significa vivir desde el miedo, creyéndome sin valor alguno, desvalorizada internamente desde esa terrible percepción de invalidez de mí misma, pero además de todo negándola y tratando de ocultarla bajo una máscara de fortaleza, en la imperante necesidad de hacerme ver una mujer fuerte, representando el papel de la mujer maravilla porque estaba total e inconscientemente convencida de que en realidad “tenía que serlo” para así obtener valoración y respeto de los demás, sobrecargándome de responsabilidades, sobre exigiéndome y maltratándome inconscientemente y repito, literalmente sin límites, reventándome y explotándome, así que puedo usar el término: “abusándome”.

Hoy me asombro de cómo puedo ver la mano de Dios, la mano de lo imposible actuando en mi vida, guiándome y ayudándome de una manera que va mas allá de lo físico. Ayudándome y guiándome de la manera que necesito al haber aprendido a actuar desde el miedo. Y es que hoy, yo he vivido un milagro.

Para ilustrarles esto tuve una experiencia reveladora bastante espiritual porque para mí, el descubrimiento del amor en la vida cotidiana, es una profunda experiencia espiritual real. Esta es la conquista de mi tierra prometida interior.

La semana pasada fui a Toronto- Canadá para acompañar y amar a una amiga muy cercana, llamada Xiomara, y que ha pasado por una intensa batalla contra el cáncer de seno y ahora está en proceso de recuperación de su última operación.

Como ella está recuperándose, pasamos un tiempo hermoso, profundo, cargado de intimidad emocional, un compartir cálido, relajadas sentadas al lado de la chimenea tomando té, largas horas compartiendo nuestras vidas, experiencias y puntos de vista en total respeto y apreciación. No tengo palabras para describir el amor que estoy sintiendo en este momento que les estoy compartiendo esto. Podría decir que estoy llena de vida, de dicha, alegría, de amor.

Como estoy escribiendo en este momento sobre los límites, me llevé libros, apuntes y mi computadora a Canadá, muy segura de que iba a trabajar algunas horas cada día, por lo menos esas eran mis expectativas, sólo que esta vez me di el permiso de no hacer nada, me di el permiso de disfrutar el momento, de soltar todo lo que “debía” hacer para cumplir mis tiempos y decidí disfrutar: disfrutar a mi amiga, disfrutar a sus hijas, a sus amigas, disfrutar a su nieta de 15 meses que está preciosa y de la que regrese enamorada.

Esta mañana ya en casa, mientras me estaba organizando para trabajar en los quehaceres pendientes y en mis lecturas sobre los límites,  puse una ropa en la secadora y me fui a recoger a una amiga que me ayuda con la limpieza. Ya de regreso cuando me dispuse a sacar la ropa me di cuenta que la ropa estaba colgada en sus ganchos, perfectamente guindada. En ese momento hice un repaso mental de mis acciones y de las posibilidades de que otra persona lo hubiera hecho por mí, era imposible. Estaba segura de que había dejado la ropa en la secadora y cuando regresé estaba acomodada. Sin lugar a dudas había sido un milagro: un ángel se había encargado de hacerlo por mí, lo sentí en agradecimiento y lloré mucho, emocionada porque sabía que había un mensaje de Dios para mí en este hecho. Estaba segura que un ángel de Dios lo había hecho por mí, para ayudarme porque realmente tenía mucho trabajo..

En ese momento decido enviarle un mensaje de texto a mi esposo preguntándole si había venido a la casa en el momento salí a recoger a mi amiga y me contestó que no. Le dije que había ocurrido algo y que después le contaría. Así que quede segura de que algo sobrenatural había ocurrido.

Me quedé con una sensación de plenitud: “Soy importante para Dios”, pensé. Y agradecí su presencia porque estaba segura de que él no quería que me sintiera ansiosa porque todo lo que “tenía” que hacer quería que saliera perfecto

A medio día mi esposo me llamó y me confirmó que había sido él quien había colgado la ropa antes de salir para su trabajo. Le comenté de mi experiencia y sentía que había tenido una mañana de agradecimiento tan hermosa que cerré los ojos, respiré y agradecí la presencia de ese ángel en mi vida.

Miro mi vida y me reafirmo que ha habido un milagro, no uno, muchos.

Claro que estoy llena como un globo y feliz. He entendido que vivo con un ángel que antes de irse a trabajar abre la secadora y saca la ropa y la guinda. Poder apreciarlo, es un milagro.  Después de todo lo que he invertido en conocerme que yo pueda hoy APRECIAR  y VALORAR a mi esposo sin juzgarlo, eso es un milagro, porque lo maravilloso para mí es darme cuenta de los resultados positivos de este esfuerzo por conocerme para mejorar mi manera de pensar y reconocer el valor que tiene su presencia en mi vida.

Al valorarme y apreciarme por lo que realmente soy, al valorar mi ser interior y nutrirme he comenzado a valorar y apreciar a los ángeles que Dios me ha puesto en el camino para mi bien, para mi buen estar.

El mensaje para mí de esta experiencia fue: Vivimos con ángeles reales de carne y hueso, que dan lo mejor de sí mismos para hacernos felices, no son perfectos, son humanos y, poder apreciarlos, poder pensar lo bueno, lo bello, recordar los momentos maravillosos que nos han llenado y creer que sus intenciones hacia nosotros son buenas, es un milagro. Esto para mí es el verdadero perdón: de mí misma y de mi esposo, por todas las dificultades que hemos vivido y que hemos superado juntos, que gracias a ellas hemos podido continuar en este maravilloso camino que es la vida.

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Millones de Bendiciones.

Marisbelia Tomodo.
Autora del libro «Autoestima. Búsqueda Interior».

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