Está bien ser vulnerable

febrero 26, 2018

Hoy les quiero hablar de algo que viví recientemente.

Estos últimos días han sido fuertes para mí porque me tocó vivir la muerte repentina de una amiga muy cercana para nosotros.Ella, aparentemente estaba bien y, simplemente murió. ¿Qué les puedo decir cómo me siento? Me siento mal, me siento afligida, me siento desconcertada, me siento aturdida. Y no me siento así sólo por mí misma, me siento así porque pienso en su familia, en su esposo, en sus hijas y me hace ver que realmente fue una persona importante para la vida de muchos.

Por eso quise compartir la experiencia del duelo de mi amiga. Me doy cuenta que durante los duelos tenemos la mente en muchas partes, por un lado llena de recuerdos, pero por otro lado, llena de incertidumbre, de desconcierto. Siento que es muy difícil hablar de esto, hablar de lo que realmente me pasa.

Un duelo no es solamente cuando perdemos un ser querido, como me pasó a mí en este momento, un duelo podría ser cualquier cambio en nuestra rutina: terminar una relación de amor o amistad, cambiar de trabajo, mudarse de ciudad o país, son muchos los factores que pueden desencadenar un duelo y, por lo general, así no nos sintamos bien, preferimos no hablar de ello.

Nosotros tenemos temores, tenemos miedos, tenemos expectativas que no se han cumplido porque es normal, porque somos humanos, pero sobre esos temas generalmente no hablamos. Y cuando pasa algo inesperado, como la muerte de un ser querido, todos nuestros miedos y angustias afloran, afloran por falta de reflexión y perdemos esa supuesta serenidad en la que vivíamos. Estuve realmente aturdida.

Comenzamos ahí a vivir un sufrimiento real, es allí cuando nos damos cuenta que hay una fuerza superior a nosotros, que tiene distintos nombres de acuerdo a las distintas religiones, pero sentimos que es necesario que estemos en sintonía con esa fuerza, saber que esa fuerza también vive en mí significa que debo amarme porque soy parte del mundo, debo escucharme y escuchar a los demás. Así que cualquier duelo, sea la muerte de alguien o una separación o cambio, debe presentarnos la posibilidad de amarnos más y amar la vida, porque esto nos hace apreciar que estamos vivos.

Esto lo podemos hacer cultivando el amor por mi vida.

Cultivando el amor propio y el amor por los demás: Escuchando a otros y a nosotros mismos, teniendo conciencia de que estamos vivos, valorando la vida. Es un arte y una bendición el saber escuchar.

Cultivando el apreciar la vida: La vida es poder apreciar la belleza que soy, poder apreciar la belleza del amor en mí y en los demás, apreciar la belleza interior de los que nos rodean.

Cultivando el agradecer diariamente: Agradecer por estar vivos, por respirar, por cada una de las cosas que tenemos.

Cultivando el resolver a diario nuestras emociones, miedos y culpas que nos roban por completo nuestra conexión con el amor: es un trabajo diario la construcción de nosotros mismos y nuestra búsqueda de la felicidad. Todos los días tenemos que mirarnos y reflexionar acerca de lo que nos pasa y de lo que vivimos; si no lo hacemos entramos en estado de necesidad y si eso sucede nos amargamos y nos hacemos insoportables. Así que, podemos decidir detenernos, tomarnos en cuenta y amarnos.

Cultivando el reconocer y soltar las expectativas: Las expectativas nos roban la paz y la alegría porque vivimos en el futuro, en algo que no está pero que nos roba el presente. Expectativas que pueden haber nacido en el pasado, obligándonos a vivir en una ilusión en el presente.

Sólo quiero agregarles y proponerles lo siguiente: este duelo lo viví no como un sufrimiento, sino como un nutrimiento. No quise sólo llorar desconsoladamente, evidentemente hay momentos en los que sólo las lagrimas pueden aliviar nuestro corazón, pero después de ese primer momento, decidí ver qué me pasaba y ver cómo podía ayudar a los demás que estaban pasando o habían pasado por situaciones de duelo. Decidí refugiarme en mí, buscar videos, hacer lecturas, pasar tiempo con mi familia, cosas que me nutrieran y me permitieran entenderme. El duelo se puede vivir con dolor sin lugar a dudas porque fue una pérdida, pero también se puede vivir desde la aceptación y el agradecimiento, agradecimiento de haber vivido esa experiencia con quienes ya no están y agradecimiento porque estamos vivos.

Marisbelia Morales Tomodo

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