El verdadero perdón requiere la ausencia del ego

mayo 22, 2018

Siempre hemos escuchado o leído sobe la importancia del perdón y muchas veces simplemente nos cuesta entender el por qué no podemos perdonar. Creo que si asumimos nuestra vida desde el ego, es decir, desde la valoración excesiva de nosotros mismos y de nuestras expectativas va a resultar difícil la convivencia con los demás.

Muchas veces creemos que las acciones, opiniones y los sentimientos de los otros nos perjudican, nos agreden y nos molestamos por ello, es cierto que cada individuo tiene la capacidad y la libertad de vivir su vida y sus pensamientos, pero también es cierto que vivimos en sociedad, que convivimos con otras personas y que esto debe hacernos ver que la posición y las ideas de los demás también son válidas.

Muchas veces esa sobrevaloración de nosotros mismos y de lo que creemos hacen que nos sintamos ofendidos por las palabras o acciones de los demás porque tenemos expectativas de cómo “debe ser” el comportamiento de los otros o porque tenemos expectativas acerca de lo que esperamos y muchas veces necesitamos recibir de los demás.

¿Realmente nos hieren o somos nosotros que nos sentimos heridos?

Muchas cosas de nuestro entorno son producto de percepciones, condicionamientos, creencias aprendidas por las experiencias y de máscaras sociales que hemos aprendido en  nuestra infancia y que repetimos de manera inconsciente.

En el proceso de sanación de la codependencia es necesario alejarnos del “debería” y reconocer que la perfección no existe ni en nosotros ni en los demás, este es un concepto creado desde la necesidad de la mente humana a nivel intelectual que creemos entender pero en realidad no existe porque siempre dependerá de la persona que lo imagine. Pensemos en un mar que sea perfecto por ejemplo, si es perfecto para el pez no pueden existir depredadores, si es perfecto para el mar no pueden existir seres que lo contaminen, si es perfecto para el ser humano, nunca debería representar una amenaza para él y sin embargo lo es.  Esto nos sirve para ejemplificar que la convivencia sólo es posible en aceptación, es decir, en el entendimiento de que todos y cada uno de los seres de este planeta somos diferentes y eso nos hace únicos.

Pero realmente les digo todo esto porque quiero hablar del perdón. Hasta ahora tenemos dos enfoques del perdón: el primero parte de la idea de que el resentimiento y el odio nos hacen daño a nosotros mismos y éste es la forma que tenemos de liberarnos y, el segundo enfoque, es considerar que nadie puede hacerte daño si tú no lo permites, que son tus ideas y expectativas sobre los demás, las que te hacen mal.

Y eso está bien, pero yo creo que mientras exista una sobrevaloración de nosotros mismos, esto no va a  ser posible.

Ahora bien, hemos visto que la clave del verdadero perdón está en el ego, ahí esta la clave, tú podrás hacer muchas cosas pero mientras el ego esté fuerte y prevalezca en ti no vas a poder perdonar.

Si vives sólo enfocado en ti mismo no puedes perdonar, no puedes olvidar porque vives re-sentido, sobre todo aquellas percepciones que tuviste de que te insultaron, te hirieron, te humillaron y es esa percepción repetitiva en tu mente una y otra ves la que te lleva a exagerar tu respuesta, te lleva a olvidar lo hermoso de la vida, a olvidar los momentos de alegría compartidos con los demás.

Tenemos que comprender el mecanismo del ego conociéndonos a nosotros mismos, observándonos y reflexionando sobre la manera como reaccionamos y las consecuencias que trae a nuestra vida las conductas repetitivas, porque si intentamos perdonar desde él ego no lo lograremos realmente, podremos reprimir nuestros sentimientos y esto hará que tarde o temprano surjan de nuevo de manera magnificada, es decir, explosiva. Para perdonar realmente es necesario bajarnos un escalón en nuestra importancia personal y aceptar al otro, re-conocerlo mediante la apreciación de que lo que esa persona me hizo yo también lo hago, no somos perfectos, y lo que me molesta de los demás yo también lo hago o podría hacerlo. Con esto no quiero decir que la valoración de nosotros mismos no sea importante, de hecho es lo vital porque es la que nos permitirá aceptar a los demás, entender la diversidad de la vida, pero es la valoración de nosotros mismos la que nos dará fuerzas para decidir quiénes queremos que permanezcan en nuestra vida y quiénes no. Aunque aceptemos a todas las personas es normal que nos relacionemos con quiénes tienen más afinidad con nosotros y saber eso nos da la seguridad de saber qué queremos y saber que somos importantes para nosotros mismos.

Un aspecto importante del perdón es la ofensa porque es justamente cuando nos sentimos ofendidos que tenemos la necesidad de perdonar. Cuando nos sentimos ofendidos el primero que actúa reaccionando es el ego, es el que sale en defensa de nosotros mismos, el que da la cara porque es el primer impulso, el que brota a flor de piel, a veces es preciso escucharlo y conversar con él, reconocer desde dónde surgió ese impulso que nos lleva a ofendernos, el trabajo sería reconocer eso que sentimos, conversar con nosotros mismos y tratar con ese dolor en nosotros mismos que enjuicia  y etiqueta a los demás y buscar con insistencia vivir desde el pensamiento de lo bello, de lo bueno, de lo puro, de lo digno de ser agradecido. Cultivar en nosotros mismos los recuerdos hermosos de nuestra vida para así poder centrarnos en recordar los bellos momentos y buenas acciones de esa persona que nos ha ofendido, pasando así por alto la ofensa. Si hacemos esto comenzaremos a notar que no será necesario el perdón porque no nos sentiremos ofendidos y esto ocurrirá porque el amor es un mandato superior al perdón.

Cada uno de nosotros está buscando el camino, no somos buenos ni malos, estamos en vías de construir nuestra paz.

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