Aprende a disfrutar – Parte 2

junio 30, 2017

Las expectativas y las diferentes mentalidades que nos separan del disfrute pleno de la vida.

Yo he aprendido que disfrutar como disciplina espiritual ayuda a recuperarnos del sentimiento de insatisfacción y frustración que se origina por la dependencia emocional.

Después de leer y meditar en la primera parte del capítulo 6 yo te hago una de mis preguntas:

¿Has practicado el disfrutar en algún aspecto de tu vida como disciplina espiritual?

Como ya he dicho anteriormente, he invertido una experiencia de vida completa en ser dependiente emocional. Me lleve toda una vida el practicar lo que de niña aprendí. Me di cuenta en lo auto-destructivo de mi conducta. Una ves que lo reconocí para deshacerlo necesité invertir tiempo y auto-disciplina, y en esto sigo.

Si como yo ya aceptaste que tienes el patrón conocido como dependencia emocional, te comparto lo que yo hago para vivir este proceso de re-programarme para amarme.

Recordemos que cuando bloqueamos las emociones que consideramos negativas como defensa para no sentirlas, también se bloquean automáticamente las emociones que consideramos positivas, así que el resultado es vidas automatizadas, vidas en las que se callan los sentimientos que consideramos incómodos. Sin embargo con ellos se callan también lo bello, lo sabroso. Callamos también el disfrute. No se puede experimentar la plenitud.

Para hablar de disfrutar la vida quiero tocar dos puntos:

1.- Las expectativas

Las expectativas nos roban la alegría de la realidad del presente.

Como concepto “una expectativa” es algo que crees y esperas y que puede o no ser realista.

A veces el miedo y a veces la necesidad de hacer la vida cómoda para nosotros mismos nos lleva a intentar controlar, así que nos llenamos de expectativas no solo sobre nosotros mismos sino sobre los que nos rodean.

Si los resultados de nuestras expectativas son cómodos para nosotros nos causan satisfacción. Pero si su resultado es incómodo nos causa decepción con su consecuente insatisfacción.

Un ejemplo de insatisfacción y su consecuente amargura en mi vida fueron las expectativas cuando nació mi hijo. Una de mis expectativas como madre fue el sentirme orgullosa por los posibles logros en la vida de mi hijo. El debía ser sobresaliente en la escuela, cumplir con todas sus etapas educativas y ser brillante. Él se convertiría en mi orgullo.

Eso aunado con mi expectativa de ser abogada exitosa. Al él nacer con incapacidad motora, yo decidí dedicarme a cuidarlo y ayudarlo en su desarrollo, eso entonces significó que mi expectativa de ser una abogada exitosa no pude alcanzarla, y esa frustración quedó latente en mi. Yo me preguntaba porqué me siento tan frustrada si yo escogí cuidar a mi hijo con amor? Y no fui libre de esa frustración hasta que muchos años después entendí que mi autoestima estaba completamente basada en mis logros.

2.- Las diferentes mentalidades. Mentalidad de víctima y mentalidad de juez.

Estas dos tendencias del pensamiento siempre están activas en nuestra mente y nos roban la paz.

La Víctima se caracteriza por la QUEJA.

Está llena de expectativas. Se caracteriza por frases tales como:

“Si tan solo encontrara novio”…

“Si tan solo tuviese esto o aquello sería feliz”

La víctima vive soñando con lo que no tiene, no tuvo o con la imposibilidad de tenerlo. Está enfocada en lo dura que es la vida.

La víctima ve la vida como una constante lucha y su percepción es que la arrastra. La vida realmente es muy pesada para ella.

Su felicidad esta condicionada por algo que todavia no ha pasado:

Cuando mi esposo cambie yo voy a ser feliz!

Es la persona que tan pronto se despierta ya esta cansada, tiene pánico de la vida y no quiere confrontarla.

¿Puedes reconocer esta tendencia en ti?

El otro personaje es El Juez al que yo llamo cariñosamente “Criticón”

Esta mentalidad está activa constantemente. Habla mucho! y por eso mismo le cuesta dormir.

Tiene muchos pensamientos y esta siempre juzgando y juzgándose.

Juzga las situaciones, lo que hizo, lo que no hizo, lo que dijo, lo que no dijo, lo que debió de haber dicho. Lo que va a decir en situaciones imaginarias.

Piensa en lo que deben estar pensando los demás. Supone mucho.

Piensa en cómo los demás deben hacer las cosas.

Ahora te pregunto:

¿Tu reconoces estas tendencias del pensamiento en ti? ¿Con cual te identificas más?

¿Crees que ninguna esta en ti?

Pues la noticia es que éstas son mentalidades que todos tenemos adentro.

Podemos verlas claramente en las demás personas e incluso intentamos alejarnos de ellas cuando las percibimos fuera de control ¿pero las vemos en nosotros?

Puedo alejarme de un amigo, de mi esposo, de mis padres, pero de mí no me puedo alejar.

Estas dos tendencias que todos las tenemos en diferentes grados pueden convertirse en un obstáculo para disfrutar el presente.

Para mi ha sido muy importante tomar responsabilidad en buscar el origen de mi amargura. Ya sea que se origine por mi mentalidad o por mis expectativas no cumplidas. Me he sentido víctima o me he sentido juez.

Les recuerdo que yo les estoy narrando mis vivencias en este vívido proceso de descubrirme, en este perenne proceso del desarrollo de mi misma. Poco a poco en este viaje de vida he ido entendiendo que por causa de esta mentalidad de juez yo temo el juicio de otros, convirtiéndome a su vez en víctima. ¿Que interesante verdad? ¿Ven lo fácil que es? Es mucho lo que he superado hasta ahora, y aun queda mucho por hacer. Desde mi mente crítica yo todavía temo a lo que los demás piensen, juzguen y opinen de mí.

Para mi la clave es practicar no juzgarme, detenerme cuando me escucho siendo dura conmigo misma, o cuando comienzo a sentirme en mal-estar. Detenerme para educar mi mente a respetarme, tener compasión conmigo misma me lleva a tener compasión con otros y no juzgarlos, porque al entenderme y respetarme voy a entender y a respetar a los demás.

La buena noticia es que esa voz se puede educar, se puede calmar, se puede disciplinar.

La intención de mi corazón es ser humilde, y eso ha sido un verdadero proceso, porque el humilde se ama, se respeta y solo cuando lo hace consigo mismo lo podrá practicar con los demás. Si no nos amamos a nosotros mismos, la humildad es una careta.

En el mes de Enero de este año 2017, Dios me sentó cuando me operaron de la rodilla, me sentó a verme y pude sentir la amargura de mi alma, pude verla como si yo era testigo de mi misma, tan grande, tan insatisfecha. No me gusto. Pude escuchar al Juez que no paraba de hablar, de evaluar, en una palabra no paraba de quejarse. La recuperación de dos semanas, se convirtió en dos largos meses y fue bueno porque pude verme.

Pero resulta ser que el mes pasado decidí irme a sentar en silencio a observar mis pensamientos, me retiré 5 días a practicar la respiración de Dios, la “Oración Contemplativa” que no es popular hoy en día, pero que me la enseñaron en mis estudios de Teología. Decidí sentarme a escucharme y darme tiempo y atención.

Fue maravilloso. Revelador. En otra ocasión les compartiré mi experiencia de regresar al amor de Dios en mi corazón a través del silencio.

¿Puedes reconocer estas tendencias en ti?

Hacer una lista de tus quejas ayuda. Intenta detenerte cada vez que te escuches quejándote y en amor por ti misma, con delicadeza, sin juzgarte, simplemente anótalo. Te vas a sorprender.

Si reconoces que tienes necesidad de ayuda, búscala. Créeme que me gustaría ayudarte.

Privadamente escríbeme tus desafíos, preguntas y comentarios a: mito@marisbeliatomodo.com

No te garantizo tener todas las respuestas, pero seré genuina en ellas.

Mi deseo es motivarte e inspirarte. Sí podemos vivir la vida de la que Jesús nos habló, una vida en abundancia, una vida experimentada desde el amor vivo que emana de un corazón puro.

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